| "Estaba
faltando un grupo de rock Sin Restricciones"
Tocar en Badía & cnía. "Ese era el sueño de mi
vida", confiesa el compositor y cantante de Miranda! a quien le cae bárbaro
que le digan "Qué parecido estás a Liza Minelli". "A mí
me gustan ese tipo de chicas, como Liza o Barbra (Streisand), cero Pancho
Dotto". Todavía en el estudio—living de su departamento de Pacífico
recién vendido, Ale Sergi (Haedo, 1971) suspira por ese momento
post—Dictadura en que el rock nacional era pop: "Me parece que Luca
Prodan trajo mucha información para el rock, pero también empezó a
dividir con eso de llamar putos a los Virus. A mí me gusta esa
época de la revista Toco y Canto, en que todo estaba mezclado, en que
hasta Sandra Mihanovich era rock".
El quinteto Miranda! nació con la década. El núcleo del que surgió fue
la ex pareja de Sergi y Juliana Gattas (voz) que venían de hacer baladas
jazz en el dúo Lirio, para sumar primero a Lolo (guitarras) y luego a
Bruno de Vicenti (programación) y Monoto (bajo). A medida que fue
creciendo un fan club de "miranditos" en shows que eran rituales
de glamour e histeria beatle, editaron dos álbumes. Es mentira
(02) fue el debut que transformó "lo grasa" para el rock
(Osvaldo Miranda homenajeado en el nombre; Pimpinela, Mecano y los lentos
de Rata Blanca, en el estilo) en cool para el pop. Y el exitoso Sin
restricciones (04), con producción del grupo Arbol, cuyo título es
un manifiesto. "Esa es mi idea de lo pop, lo bien popular, lo que le
gusta a todo el mundo sin distinciones de raza, clase o sexo. Por eso me
gustan ABBA y Charly: tienen calidad, son masivos y sirven para armar
fiestas. Para mí, están todos bienvenidos", invita.
Si hay una marca de fábrica del "sonido Miranda!", es el falsette
de Sergi, quien lo aplicaba también a su anterior banda funk, Mamá Vaca.
"Soy fan de Prince", se excusa delante de un afiche de la película
Purple Rain. Cuenta: "Pero de adolescente me hacía el peinado
The Cure porque los pelos parados me protegían de los demás. Era re tímido
y me costaba relacionarme con los demás. Era el freak del aula y
como nadie me acompañaba, iba solo a los recitales del centro a ver Autobús,
Casanovas, Cosméticos. Pero ojo que también tuve épocas de jazz fusión,
de seguir a los Redondos y de creer que tenía que hacer electrónica
instrumental porque había escuchado a Aphex Twin y mi voz me daba vergüenza".
Sergi sorbe mate con paz budista pero cuando se le recuerdan adjetivos que
les endilgan a su grupo ("concheto", "palermitano",
"frívolo"), se despabila. "¿Cheto? Bueno, soy un pibe de
Haedo que se compró el departamento trabajando de administrativo en una fábrica
de galletitas y los instrumentos, cuando fui sonidista de The Beats. La
noche, el dance, el maquillaje algo debe molestarle a los rockeros, porque
terminamos siendo provocativos sin querer. En el Cosquín Rock, fuimos un
escándalo. Los fans de Rata Blanca no paraban de gritarnos Putos,
putos, pero seguimos tocando como si nada. Nuestra identidad sexual
irrita, pero yo nunca fui gay y ya me acostumbré a que me lo griten. No
me molesta. Te juro que peor sería que me griten 'Vago o tarado'".
Tenés más de 30 años y gran parte de tu público, 15. ¿Cambiás en
algo tus músicas y tus letras para que te entiendan?
No bajo el nivel de composición por eso. La verdad, es que soy medio
pavote todavía, me siento en la edad del pavo. Soy inmaduro, como digo en
Navidad, porque no soy de analizar mucho lo que me pasa. Mis letras
son cartas que les escribo a mis amigos donde cuento mis cosas. Y escribo
de "Tú" porque mi mamá, que es entrerriana, siempre hablaba así.
Mi casa era una telenovela mexicana.
¿Creés que el boom de Miranda! se relaciona con un lugar vacío que
dejaron Virus y Soda?
Yo diría que estaba sobrando el pop—chorizo de Mambrú y Bandana, que
no tenían nada que ver con otros grupos prefabricados que sí me gustan,
como Sex Pistols o Ace of Base. Yo le firmo autógrafos a chicas que seguían
a Gamberro. Además faltaba un grupo de rock sin restricciones, orgulloso
de hacer pop. A mí me dicen que hago cosas tipo Britney (Spears). Y no
siento ninguna vergüenza.
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